>Estaba demasiado impaciente por ver lo que sucedía en esa salita, la mayoría del tiempo estaba la puerta cerrada y tras largos lapsos salía una que otra persona, no sé cuál de todos con la cara más extraña... Me daba miedo preguntarles el porqué de esas caras, pero yo era sólo un niño y no tenía nada que andar haciendo ahí en la consulta a esas horas de la noche.
La cuestión es que, por ser mi madre enfermera, debía esperarla sentado en un banquillo en la sala de espera hasta que terminara su turno. Había noches en las cuales me quedaba dormido esperándola y algún extraño me despertaba y me decía cosas, como "te pueden robar niñito", o "¿qué haces tan solito a estas horas de la noche" y yo, para no sentirme indefenso respondía: "Soy el encargado del pasillo" o cuando ya era de amanecida, recuerdo que le dije a alguien..."mi madre está dando a luz" o cualquier estupidez...
La situación de la salita misteriosa era mi gran inquietud, sabía que debía entrar alguna vez, pero los días pasaban y no tenía agallas para hacerlo...

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